En un primer momento la ambientación es simple: oscura para thriller, asesinato, secuestro... y clara para lo demás. Bien, ahora yo os pregunto: ¿Acaso en un lugar soleado, feliz, alegre, con amor no hay tragedia? Pues os daré una idea:
Imaginaos una iglesia en un día de boda. La iglesia está engalanada, los asistentes visten sus mejores galas, el cura está en el altar oficiando la ceremonia y, frente a él, una pareja. Él es atractivo, con su traje elegante exclusivo para ese día, y ella con su vestido blanco, su ramo de azahar y enamorada.
En ese escenario el ambiente es de amor, emociones a flor de piel y, como no, alegría.
¿Acaso no puede existir una tragedia en ese lugar? Se me ocurren muchas. Os dejo algunas: una bomba en la misma iglesia, una bomba en el coche de la novia, un testigo que tenía intención de secuestrar a la novia, una segunda vida oculta del novio, el cura que ama a la novia en secreto... O la novia que, pese a estar enamorada, desconoce que tiene una maldición encima y todos sus maridos mueren, o no es una maldición y ella acaba con ellos... ¿Continúo?
Por favor, no quiero decir que la ambientación no sea necesaria, claro que lo es, solo que no deberíamos agarrarnos a una única idea: lo oscuro para lo malo y lo claro para lo bueno. Es lo más fácil y lógico, pero darle una vuelta de tuerca no es una locura, al contrario.
Sorprender al lector es una de las cosas que podemos hacer los escritores por quienes nos leen, aunque también es cierto que, como lectores, buscamos precisamente eso. Decidme ahora, ¿alguna lectura que os haya sorprendido por el ambiente o por el escenario?

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