A veces cargamos con un pasado que nos pesa, que nos entristece, que nos asfixia. Todos tenemos pasado, lo que nos diferencia es que para unos ese pasado es una carga y para otros, un empujón.
¿De qué depende? De la persona.
Dos personas con un mismo pasado lo viven de forma distinta y lo sienten de manera diferente. Aunque ambas hayan pasado lo mismo.
Ahora bien. El truco está en usar ese pasado no como carga, no como pena, no como soga que ahorca, no. Usarlo como empujón, como aliciente, como escalera, como cuerda para subir. Usarlo como ese ascensor que sube y nos lleva hacia la planta alta.
Cada persona puede hacerlo de un modo diferente, ya que somos únicos y necesitamos distintas ayudas.
El pasado de Eugene es para él una carga que acaba por hundirle más de una vez. Consigue salir del pozo, pero no es fácil y quienes habéis leído la serie lo sabéis. Quienes no, podéis leer aquí. En la tercera novela no tendrá ayuda, será él solo el que lo haga, porque entre vosotros y yo, solo nosotros mismos podemos decidir como tomar el pasado.
Hoy en día está de moda mirar al pasado para buscar excusas: nos agarramos a las heridas antiguas para justificar errores presentes o problemas sin resolver. Pero, ¿y si cambiamos el enfoque? ¿Y si usamos el pasado como impulso en lugar de como lamento?
Hay quienes se alimentan de la tragedia y el victimismo, convirtiendo su sufrimiento en un refugio cómodo. Pero reconocer el dolor no significa recrearse en él. Todos hemos tenido baches —quien diga lo contrario, miente— y todos seguimos librando nuestras propias batallas. Sin embargo, la verdadera victoria no está en analizar eternamente la caída, sino en entender que levantar la cabeza es un acto del 'aquí y ahora'. El ayer ya no puede mover tus pies; eso es algo que solo puedes hacer tú, hoy.

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